Primera divison - Atletico Madrid v Real Madrid

Homenaje a Luka Modric.

David Vertty

30 Oct , 2014  

Corría el año 1991 cuando estallaba la Guerra croata. Entre estruendosos y constantes disparos, que iban y venían en el pueblo de Zaton Obrovacki, justo en la esquina de su casa. Esas eran las circunstancias en las que vivía Modric con solamente 6 años de edad. “La guerra me hizo más fuerte. No quiero arrastrar ese tema para siempre, pero tampoco lo quiero olvidar”, asevera con cierta frialdad el mediocampista del Real Madrid. Debido al conflicto, Luka y su familia se trasladan a Zadar, donde el balón se convertiría en  su fiel acompañante, y las tardes de patadas frente a la Puerta de Zara, en su pasatiempo favorito. Con tan solo 10 años, es fichado en la cantera del Zadar por el encargado de las inferiores, Tomislav Basic, quien recuerda que la familia del prodigioso niño era muy pobre, así que él decidió hacerle unas espinilleras de madera. El mencionado jefe de la cantera del Zadar aún las conserva, según él, porque sabía que Modric se convertiría en un gran jugador. No se equivocó.

A los 16 años ficha con el Dinamo de Zagreb. Inicialmente fue dos temporadas a préstamo, donde en una se convirtió en el mejor jugador de la Liga Bosnia, y en la otra llevó al modesto Inter Zapresic al subcampeonato de la Liga de Croacia. Con grandes credenciales se integraba al primer equipo en el curso 2005/2006. Era su primer gran reto, y desde el silbatazo inicial, el joven croata se destacaba por su gran toque con el esférico, además de su velocidad para deshacerse del mismo, siempre con gran criterio. Luka Modric era un ‘10’, veloz a la hora de correr, pero todavía más a la hora de pensar. Por su posición sobresalía su calidad para encontrar el hueco más inverosímil entre los defensas, pero el sacarse rivales de encima e incluso el gol, eran las cualidades que lo convertían en un jugador de otro nivel. La clase que denotaba en el campo deslumbró a la Prva HNL durante cuatro años, en los que el club de Zagreb se hizo de tres títulos ligueros, dos en Copa y una Supercopa, todos con el menudo mediocampista como estandarte.

Ya en el 2008, media Europa buscaba sus servicios, siendo el Tottenham el que se hiciera con el futuro crack. Entre 20 y 27 millones de euros desembolsados por los Spurs, se convertiría, en aquel tiempo, en el fichaje más caro de la historia para los de White Hart Lane. Sus primeros pasos en el campeonato británico fueron difíciles, muchos lo consideraban un jugador muy liviano para la competición más física del mundo. Ese mismo año llega Harry Redknapp al banquillo londinense, brindándole más libertad al ataque, logrando que el croata encontrara su mejor fútbol. Su impresionante precisión en los pases y una notable mejora física, fueron las virtudes que catapultaron a Luka Modric a lo más alto de la Premier. El mediocampista empezaba a deslumbrar por el guante que calzaba en ambos botines, ya fuera en corto, a lo largo o en profundidad, el toque del croata siempre era exacto. Ese golpeo tan depurado, se convirtió además en un arma letal, marcando goles memorables de larga distancia. Por cuatro años, Modric enamoró a propios y extraños con la camiseta del Tottenham, donde pasó prácticamente por todas las posiciones del mediocampo, desarrollando la singular versatilidad que posee en la actualidad.

Claramente, Luka estaba para saltar a la élite del fútbol mundial, y tras un fallido intento por ir al Chelsea en el verano del 2011, al siguiente año ficharía con el Real Madrid, por orden expresa del otrora entrenador blanco, José Mourinho. Es el luso quien retrasa su posición en el campo, convirtiéndolo en un contención poco más clavado, tras no sacar a relucir sus cualidades en la mediapunta, donde además Ozil era el titular. La transformación de su posición sería vital en el enorme repunte del dorsal ’19’, quien tras un inicio criticado, se gradúa entrando como suplente en Old Trafford, revolucionando el partido y marcando el gol de la victoria para los de Chamartín. La espectacular visión de Modric y su enorme lectura de juego encajaron perfectamente con su nueva zona del campo. Probablemente fue esa noche en el Teatro de los Sueños donde el croata saltó a la élite, pues demostró un increíble despliegue físico, del que se apoyó para cargar con el equipo tanto en defensa como en ataque, mostrándose como un medio de contención total, en toda la extensión de la palabra.

Hoy en día, el de Zadar es el motor del Real Madrid, aunque su aporte vital apenas se dé a notar. Físicamente hace un trabajo espectacular, pues antes de distribuir el balón de esa manera tan brutal, presiona al rival y lo roba constantemente. Su precisión es imprescindible para darle salida al equipo, ya sea jugando desde atrás o tirando el pelotazo a la espalda de los mediocampistas rivales. Le da a los blancos otra dimensión de ataque, sobre todo cuando se atascan en tres cuartos, golpea el balón con la parte externa, en un pase que es su especialidad, para que en una curva que pasa por toda la línea defensiva llegue a su compañero, en una movida que a veces parece imposible. Si bien no se excede en lo individual, practica un asombroso juego de cuerpo en toda la cancha, donde con un ligero movimiento puede dejar sentado a un rival, sacando a relucir su facilidad en el mano a mano. Si a lo largo de su carrera jugó en todas las posiciones de la media, actualmente hace lo mismo, pero en un solo partido, donde se desliza –casi de manera literal- por todo el campo.

Es un 24 de Mayo y en Lisboa el reloj marca el minuto 93’ de la final de la Champions League. Un Real Madrid agonizante consigue un tiro de esquina para arañar la prórroga. Sergio Ramos es quien manda el balón a la red con un certero cabezazo. El equipo de Carlo Ancelotti logra la hazaña y lo empata al final. Y bueno, el resultado lo conocemos todos. Creo que es el momento que mejor define a Luka Modric, un jugador que entre tantas estrellas brilla con luz propia, quien no necesita llevarse la toma de la cámara, un crack sigiloso. En efecto, ha sido aquel chico de las espinilleras de madera, el pateador del córner más importante en la historia del Real Madrid.

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